24.06.2026 | 21:52 — OPINIÓN
Evidentemente muchos sanjavierinos escriben con la mano pero borran con el codo
¿Cómo llega un auto, un electrodoméstico o toneladas de escombros a un camino rural? La respuesta es obvia: no se traslada en bicicleta ni en carrito. Eso llega en alguna Hilux, una Amarok, un carretón o en el baúl de un auto.
Por Pancho Ruifernández
Decía un viejo refrán que escribimos con la mano, pero borramos con el codo. Lamentablemente, cuando recorremos los rincones de nuestra querida San Javier, la frase deja de ser una metáfora para convertirse en una triste realidad cotidiana. Vivimos en una contradicción constante: nos llenamos la boca exigiendo una ciudad limpia, ecológica y con proyección turística, pero, a la vuelta de la esquina, actuamos como nuestros propios enemigos. Parece que, definitivamente, somos hijos del rigor.
Se nos ha advertido hasta el cansancio sobre el impacto del cambio climático, la llegada del fenómeno de El Niño y la urgencia de cuidar el medio ambiente. Sin embargo, la respuesta colectiva de algunos sectores roza el absurdo. El caso de Colonia La Criolla, al norte de nuestra ciudad, es la postal perfecta de esta desidia. Lo que alguna vez fue el entorno de la escuela vieja hoy funciona como un basural comunitario a cielo abierto.
Allí se encuentra de todo: desde computadoras viejas y desagües tapados de plástico, hasta animales en descomposición. Pero el colmo de la impunidad quedó registrado hace poco con una imagen surrealista: un Fiat 147 abandonado en el lugar.
¿Cómo llega un auto, un electrodoméstico o toneladas de escombros a un camino rural o a un predio comunitario? La respuesta es obvia: no llegan en bicicleta ni en carrito. Eso llega en alguna Hilux, una Amarok, un carretón o en el baúl de un auto.
》Desarmando la lógica de la queja
Es fundamental derribar un mito: esto no es un problema de indigencia ni de falta de recursos. Quienes trasladan semejantes volúmenes de desperdicios disponen de camionetas, autos o carros. Son vecinos con capacidad de movilidad que, irónicamente, suelen ser los mismos que después se quejan en las redes sociales o en las charlas de café de que la ciudad está sucia.
El municipio local, es verdad que tiene muchas dificultades con la prestación de los servicios pero con un esfuerzo enorme de sus recolectores, cumple con el cronograma de residuos los lunes, miércoles y viernes. La basura se junta. El problema es que lo que el camión se lleva por la puerta delantera, la irresponsabilidad ciudadana lo devuelve por la trasera, transformando otras zonas destinadas a rellenos sanitarios en focos de infección y contaminación. Fíjense lo que sucede en barrio el vivero y también al oeste sobre ruta 39.
》El derecho propio vs. el derecho ajeno
Una sociedad organizada se rige por un principio básico: nuestro derecho termina donde comienza el derecho del otro. Arrojar basura frente a la casa de un vecino, contaminar un camino comunitario o tapar un desagüe que mañana inundará un barrio no es viveza; es una falta total de empatía y civismo.
Si de verdad aspiramos a ser esa San Javier turística, verde y pujante que tanto dibujamos en los discursos, tenemos que mirarnos al espejo. La infraestructura ayuda, las normativas ordenan, pero el verdadero cambio es cultural. O empezamos a respetarnos a nosotros mismos y al suelo que habitamos, o seguiremos condenados a ser una comunidad que añora el progreso mientras camina entre sus propios desechos. La pelota, como siempre, está del lado de cada uno de nosotros.




